Dejamos que la realidad pase ante nuestros ojos sin que estos se inmuten, hacemos ver que nada nos importa, que no sentimos, que no queremos, que no padecemos, que somos lo suficientemente fuertes como para aguantar todo lo que venga, nos pasamos la vida aparentando, y existe un punto en el que cuando lo cruzas, cuando te encuentras exactamente en ese punto, todo se viene abajo, todo lo que habías estado creyendo sobre ti, lo que tu habías construido, se cae, se desmorona, y es entonces cuando comienzas a buscarte, a intentar encontrar salidas, a saber porque empezaste a creer esto, a encontrar explicaciones sobre todo tu mundo, cuando te castigas a ti mismo por no saber que es lo correcto, por no saber como actuar después de tanto tiempo, por haber sufrido, cuando piensas que tu eres el culpable, y sobre todo, sigues manteniendo viva una pequeña luz, un pequeño faro de esperanza, en el que tu único deseo se ve reflejado entre sol y tinieblas, y sabes que tarde o temprano acabará bien o mal, pero finalizará, mientras tanto,sigues reprochándote lo mismo de siempre, sintiendo la misma impotencia incluso más que el primer día, sigues fingiendo, aparentando, sigues sin quererte tal y como eres, sigues pendiente de que todo este bien, de que nada se venga abajo, pero cuando llegas a ese punto, te das cuenta de que no merece la pena. Escúchate a ti mismo, no te castigues, siente, ama, quiere, no tengas miedo, esto acabará, debes de comenzar a vivirlo, a disfrutar, comenzar por el principio, y dejar que sea el mañana quien decida el final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario