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27 de marzo de 2012

Desafiemos a la realidad.

Y mordernos, y saborearnos y saber uno del otro, explorarnos, conocernos, tocarnos, poder sentir ese escalofrío que recorre todo tu cuerpo cuando el te acaricia, cuando te roza, cuando esta contigo. Y poder morder hasta el último trozo de su piel, y sentiros toda la noche, poder disfrutar de el, que sabes que es el que alivia tus penas, pero también el que te aporta todo lo que necesitas, el que es perfecto, que para ti no tiene ningún fallo, al que tienes en mente mañana y noche, a tu príncipe azul, ese que todas soñamos, lo tienes para ti sola. Y sentir como sus manos acarician tu rostro, y poco a poco todo se va convirtiendo en algo más, en mucho más de lo que habías imaginado, es algo mucho mayor. Y empapar el colchón con los restos de vuestro amor, y poder saber que tenéis ese momento en el que no existe nada más que esa vieja cama y vuestros cuerpos. Esos momentos, esos, son los mejores, los que jamás olvidarás y añorarás, porque estará siempre que tu quieras para quitarte la ropa como el lo hace, solo lo sabe hacer de esa forma a veces tan desastrosa, pero sabes que te gusta, te gusta que se enrede con tu sujetador, y que luego te tome en brazos y acabéis pegados a una pared que no sabíais ni que estaba ahí, que vuestros cuerpos sigan rozándose, que vuestros sentimientos estén a flor de piel, sentir como él, te sigue observando, observa tu rostro de inmenso placer, y no quieres que eso que tenéis, eso que hasta vosotros mismos negáis, desaparezca. Y al final de esta historia, en la realidad, tan solo quedará el colchón y tu corazón en pedazos, así que aprovechemos esto que la vida nos da, esa magia con la que gritas diciendo que me quieres y me observas, para ser felices durante estos instantes y desafiar a la realidad.

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